La vacuidad de Aznar da miedo es el editorial de GARA del 11 de septiembre de 1999 sobre la rueda de prensa del presidente del Gobierno de España del día anterior.
José María Aznar compareció ayer en rueda de prensa al final de la reunión del Consejo de Ministros sabedor de que el proceso político abierto en Euskal Herria acapararía buena parte de las preguntas. Hablo mucho y no dijo nada. Al menos, nada nuevo.
El presidente del Gobierno español pretende continuar maleando a sus seguidores, con la afirmación de que el Ejecutivo quiere la paz, y para ello está dispuesto a todo, incluso a hablar con ETA, pero que quiere una paz a secas, sin contenidos políticos y sin "pagar ningún precio". La ocurrencia, por mucho que pueda acariciar algunos oídos, carece de viabilidad y no es seria. Ningún proceso de paz serio abordado en cualquier lugar del planeta se ha basado sobre una pretensión tan tonta como la de querer conseguir algo a cambio de nada.
Lamentablemente, de la seriedad con la que José María Aznar está gestionando este momento histórico da cuenta el hecho de que en una misma comparecencia niegue la posibilidad de una entrevista con HB porque "todavía no ha condenado la violencia" y al mismo tiempo se queje de que se suspendiera una reunión que ya tenía "orden del día hora y lugar". Otros hechos, como el afirmar que las propuestas de los firmantes del Acuerdo de Lizarra-Garazi "no han sido respaldadas ni por las urnas ni por el pueblo vasco" cuando éstos han revalidado su mayoría en las dos citas electorales que se han producido en el último año, sólo son atribuibles a un intento de manipular la verdad con mala fe.
Es científicamente imposible pretender abordar la resolución de este contencioso en clave de búsqueda de acuerdo y de consenso sin admitir que el Estado español tiene en Euskal Herria un conflicto histórico de origen y naturaleza política, y es estúpido negar que en el mismo ETA con todos los epítetos que se le pretendan añadir tiene un carácter protagonista. Afortunadamente, el discurrir del proceso hacia la normalización política depende más de los pasos decididos que vaya dando la sociedad vasca y sus fuerzas políticas, sindicales y sociales, que de la iniciativa de un Gobierno que se pierde en el laberinto contradictorio de sus propios discursos. Pero en la medida en la que José María Aznar tiene un papel en la evolución de los acontecimientos, si la sinrazón y vacuidad de su discurso refleja la realidad de su estrategia y su pensamiento, cada una de sus intervenciones se convierte en un sabotaje a un futuro en paz y democracia.
![]() |